La República – 05 / 05 / 2009

Por Martín Tanaka

Martin TanakaUno de los ángulos del incidente “Correo-Supa” es la discusión sobre qué hacer para que el Congreso funcione mejor y tengamos mejores representantes. Considero que hay muchos problemas de comprensión y diagnóstico del asunto: la mayoría de ellos es consecuencia de pensar que el congresista es un representante individual de un conjunto de individuos, y que la mejora en la representación pasa por establecer vínculos más directos y libres entre ellos; además, en tanto los individuos electos tienen que ejercer tareas muy complejas, sería necesario establecer requisitos (algún nivel educativo) para ejercer ese cargo.

Lo que no debe olvidarse es que un congresista es parte de una bancada, que a su vez es expresión de un partido, que a su vez expresa una propuesta política. En las campañas electorales los partidos presentan un programa político nacional general y programas regionales específicos, elaborados con la ayuda de expertos. Los candidatos son presentados en tanto líderes identificados con esos programas, no a título individual. Una vez electos, los distintos congresistas llegarán con algunas capacidades y conocimientos para algunas cosas, y con una gran ignorancia e incapacidad para otras. El que cumplan bien sus tareas dependerá de una buena conducción política y de una buena y profesional asesoría del grupo parlamentario.

Así, un buen congresista es quien es fiel al programa político del partido gracias al cual fue electo; que defiende, promueve, con criterio sus propuestas. Que actúa con sentido colectivo dentro de su bancada y aporta desde sus competencias particulares; que es capaz de relacionarse con los ciudadanos de su circunscripción, y con congresistas de otros grupos, de manera constructiva.

Una buena bancada combina capacidades y talentos diferentes: algunos congresistas serán buenos en técnica legislativa, otros especialistas sectoriales, otros buenos en la función de representación social, otros en la capacidad de concertar con otros grupos políticos… todo esto es necesario en el Congreso. ¿Qué es un mal congresista? Fundamentalmente, uno que sigue una agenda personal, individualista, que usa el cargo en beneficio propio.

¿Qué hacer? Considero que el problema principal del Congreso no está tanto en los individuos, sino en la debilidad de los partidos. Esta es la que facilita la proliferación de lógicas particularistas. Por ello, sí sería bueno que haya requisitos, pero aquellos que apunten a resaltar la importancia de contar con una trayectoria pública identificada con principios políticos. Llegar al Congreso debería ser la culminación de una carrera política o trayectoria pública, en la que previamente demostraste tus méritos y capacidades siendo regidor, alcalde, ministro, funcionario, líder sindical o de opinión, dirigente social, etc., defendiendo una propuesta política. Los congresistas serán mejores en tanto sepamos quiénes son, y los elijamos siendo conscientes de a quiénes estamos eligiendo. Serán peores en tanto sean desconocidos e imprevisibles.