Por Roberto Ochoa B.

Roberto OchoaDisculpen la indignación pero la próxima vez que reciba una nota de prensa para apoyar la candidatura del Lago Titicaca como nueva “maravilla natural del mundo”, sencillamente borraré el mensaje o destruiré el impreso.

¿Cómo apoyar un certamen de belleza simplón cuando en Puno  26 niños  han  muerto de frío en las últimas dos semanas?
La verdad es que siento vergüenza ajena. Los mercaderes y contrabandistas de Juliaca gastan millones en bienes suntuarios.

El patético presidente regional amenaza con la secesión mientras gasta su presupuesto en granjerías. Los narcotraficantes puneños destruyen sus espacios selváticos con plantaciones de coca y gastan a bolsillo lleno… ¡¡¡y nadie hace en nada en Puno para evitar la muertes de estos niños!!!

Vergüenza también deberían sentir los cusqueños.

Se jactan de su “maravilla de la humanidad”, reciben millones de dólares del turismo, se creen descendientes del Tahuantinsuyo, tienen el gas de Camisea a la mano y, sin embargo, 15 niños han muerto de frío en los últimos días en las alturas de Quispicanchis y otras provincias cusqueñas.

Algo similar sucede en Cerro de Pasco.  Ayer murió el primer niño debido a las bajísimas temperaturas propias de la temporada. Y estamos hablando de un departamento  que se jacta de sus yacimientos mineros y de esos miles de millones de dólares que han salido de sus entrañas pero que no han sido distribuidos en mejorar los servicios básicos de su población.

Y pensar que la solución no radica en llevar gas natural ni en construir hidroeléctricas para ampliar el servicio eléctrico en las alturas.

El altiplano andino cuenta con una fuente energética gratuita: el Sol. Esa radiación que calienta la puna hasta las 3 o 4 de la tarde y que sirve para calentar viviendas y depósitos con paneles solares artesanales.

Y no me refiero a un simple proyecto. La inversión es mínima y ya funciona en algunos lugares de Puno y Cusco. Sin embargo, el Estado no quiere ampliar el presupuesto y se conforma con mandar chompitas. Pero ya murieron de frío 42 niños.