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Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

La desconfianza acumulada puede destruir ‘el sistema’

3126215073_702eaeac39web_oEl deterioro imparable del prestigio del Congreso, por el entusiasmo suicida de varios de sus miembros, está contribuyendo a que eso que se suele llamar ‘el sistema’ sea percibido por la población en un estado de putrefacción creciente que es mayor al que algunos líderes del país se imaginan o están dispuestos a aceptar.

En los últimos meses se destaparon nuevos escándalos que se sumaron a los clásicos de la Plaza Bolívar. Para facilitar su identificación, como en las comisarías, les han puesto un alias: robaluz, lavapiés, comepollo y mataperro son los más populares.

No todos son deshonestos. Varios congresistas son personas esforzadas y decentes que trabajan sinceramente por un mejor país, y algunos han sido denunciados sin fundamento por venganza de ex trabajadores despechados pues fueron despachados del empleo. Su problema es que las pillerías de algunos de sus colegas impresentables enlodan el prestigio de todos.

Ninguna institución está libre de que alguno de sus miembros delinca, pero las entidades decentes se diferencian de las que no lo son por el modo como encaran, procesan y sancionan a los que se desvían del comportamiento esperado.  La impunidad es, antes que el acto mismo de corrupción, lo que más irrita al ciudadano y mella su confianza en ‘el sistema’ al percibir cómo este se mueve con destreza para apañar al deshonesto.

Un caso emblemático de este drama institucional se llama Tula Benites, quien luego de ser contundentemente ampayada con un empleado fantasma para su beneficio particular, contó con el respaldo de lo más selecto del ‘sistema’ para salvarla. El presidente Alan García, el entonces premier Jorge del Castillo, el hoy premier Javier Velásquez, el ahora ministro Aurelio Pastor o el congresista José Carrasco Távara fueron algunos de los que se pusieron el traje rojo para apagar el incendio.

Y cuando finalmente el Congreso votó para rescatar a Benites, fue tal el escándalo que debió retroceder. Entonces se puso en acción el ‘Plan B’ consistente en salvarla en el Poder Judicial, donde cuenta con excelentes conexiones gracias a su tío, el ex presidente de la Corte Suprema Walter Vásquez Vejarano.

Así, el 10 juzgado especializado en lo penal de Lima decidió que la ex congresista Benites no fue responsable de la contratación del fantasma, lo cual es una mentira flagrante y un escándalo indefendible. Para taparlo, ayer el consejo directivo del Congreso desaforó a la congresista ‘robaluz’.

Estos hechos explican la profunda desconfianza del ciudadano por su percepción de que las reglas del ‘sistema’ son lo suficientemente flexibles para satisfacer la voracidad de los que debieran ser sus principales guardianes. Se equivocan los que creen que eso no tendrá, tarde o temprano, un efecto dañino en ‘el sistema’.

Fuente: La República